LUCIANO HANZE ANTÓN
  • 30 de abril del 2021

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

La libertad de expresión es un derecho que nos corresponde por el mero hecho de ser personas.

Este derecho garantiza la democracia en cualquier sociedad, pues, permite el libre intercambio de ideas de manera que el debate social se vaya nutriendo. Sin embargo, no nos encontramos ante un derecho absoluto ya que existen ciertas limitaciones a su ejercicio, las cuáles deben ser adecuadamente establecidas.

Sobre esta última cuestión ya se ha pronunciado la Corte Interamericana de Derechos Humanos (2000), determinando que los Estados podrán establecer límites al ejercicio de este derecho, pero adecuándose a los parámetros establecidos en la Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión y no por decisiones o actuaciones ilegítimas de los Estados a través del poder público.

En el caso ecuatoriano, durante el gobierno del 2007 al 2017, se impusieron una serie de restricciones ilegítimas al ejercicio de este derecho, vulnerando los principios antes mencionados mediante la aprobación de normas contrarias a los postulados de la CIDH.

Consecuentemente, medios de comunicación, y sujetos particulares se autocensuraban por temor a represalias por parte del gobierno de turno; sobretodo cuando alguna información, expresión u opinión versaba sobre la cabeza del Ejecutivo.

Fueron muchos quiénes sufrieron persecuciones por ejercer este derecho y muchas las ocasiones donde el Ejecutivo impuso límites a su ejercicio cuando se trataba de ejercitarlo en la crítica de un funcionario público.

Ahora bien, durante los cuatro años que siguieron a la terminación del gobierno al que se hace referencia, esta situación comenzó a reducirse.

Fueron menos frecuentes los casos en que las personas se vieron atacadas o perseguidas por expresarse criticando al poder, por el contrario, esta mayor tolerancia permitió que el ejercicio de este derecho, en sus distintas vertientes, facilite el descubrimiento de actos de corrupción tanto del gobierno anterior como del que le sucedió.

Fueron varios los funcionarios que se vieron obligados a renunciar y muchas las personas sobre quienes se pudieron iniciar procesos penales con base a dichas informaciones sobre actuaciones ilegales, situación que debe continuar a fin de responsabilizar a quiénes corresponda hacerlo.

Sin embargo, a pesar de que esta situación favorece a la democracia y que permite someter a escrutinio a nuestros gobernantes, es imprescindible que tanto los medios de comunicación como los sujetos particulares tengan presente lo indicado anteriormente, es decir, que no estamos frente a un derecho absoluto.

Este derecho tierne límites como el derecho a la intimidad, honra e imagen del resto. Por tanto, la simple excusa de ejercitar nuestro derecho a expresarnos libremente no puede ser justificación alguna para vulnerar los derechos de otras personas.

Esta libertad no debe convertirse en un pretexto para agredir el núcleo de la dignidad de otros por el simple hecho de no compartir sus ideales y creencias.

Luego del resultado de las elecciones de este 11 de abril del 2021, la tarea del nuevo presidente será buscar caminos para unir a una sociedad evidentemente fraccionada, pues, debe tener presente que el 47% de los ecuatorianos no votó por él y que el 53% que sí lo hizo no necesariamente estarán de acuerdo con todos sus postulados y actos de gobierno.

El Presidente electo deberá soportar las críticas de ambos lados que tal vez en muchos casos en lugar de construir, destruirán.

Ojalá que el giro que ha dado nuestro país se mantenga y que todos  nosotros  tengamos la oportunidad de expresar lo que creemos u opinamos dentro de un margen de respeto y tolerancia.

Nosotros como ciudadanos estamos obligados a criticar en forma constructiva, proponiendo soluciones y exigiendo responsabilidades a quiénes correspondan pero si ejercemos nuestro derecho de forma inapropiada, lo único que estaríamos haciendo es dar la razón a quien buscamos olvidar.

Mucha suerte en esta tarea al nuevo presidente y a todo su equipo.

Esperamos que tengan la capacidad de escuchar e integrar las posturas de los ciudadanos, quienes en varios ámbitos no compaginan con ustedes. Esperamos que su promesa de brazos extendidos se mantenga durante los próximos años y que estos no se cansen a lo largo del camino.

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